Santa Cristina, virgen de toda austeridad, suele hacer apariciones asombrosas en Bal Harbour o Nueva York, muy lejos de su Santa Cruz original. Predicadora de la palabra del Santo del Atril y de la Caja, modernizó entre los feligreses la vieja fórmula para persignarse al reemplazar los objetos de culto. Al llevarse la mano a la cabeza dice “en el nombre de Sanders” (el creador de sus extensiones), “de Gucci” (se toca el cinturón) y “de Louis Vuitton” (señalando su equipaje de mano). Para que la estampita
de Nuestra Señora de los Shoppings proteja a los fieles de los pecados de los noventa debe plegarse en dos y ponerla a resguardo en la billetera del caballero o la cartera de la dama, entre la Visa Gold y la American Express. La oración en su nombre no debe pronunciarse en vano y empieza así: “Santa Cristina, esposa de Néstor, ruega por nosotros, consumidores...”
![[Dibujoñññññ.bmp]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqVmNeplq2jrx3XZEIVUssRGCQ14Y8794byC8A9zahpuqzOFWMi7lBOE_ylxtjgEQbjBcQFvRmGNb4V-3_6v-Izl318Pm8hXfAeb_89HjQjg8apVT2O7jkc0wb_hYq7i43dP72ol0lyCdp/s1600/Dibujo%C3%B1%C3%B1%C3%B1%C3%B1%C3%B1.bmp)










































































No hay comentarios:
Publicar un comentario