La afirmación de Alberto Fernández, respecto a que en la Argentina no existe inflación, revela que el Jefe de Gabinete es un marciano que reside en el planeta de los satisfechos. Solo así puede pasar por alto una situación en la que el movimiento de los precios devela una evolución mensual de los precios del 1,5 % y una tasa anual que oscila en torno al 18 %.

Habla desde el planeta de los satisfechos porque no contempla que, en un país en el que la pobreza -bien medida- abarca al 35 % de la población (14 millones de persona), el movimiento de los precios en apenas 1 % sobre la canasta alimentaria, arroja al hambre a cerca de 100.000 personas.
Reside en el planeta de los satisfechos, ya que no percibe el daño social profundo que el alza de los precios produce en el cuerpo dañado por la reestructuración neoliberal que él, de la mano de Cavallo, ayudó a construir.
El autismo oficial, basado en desconocer los problemas o en atacar al mensajero, le impide al Gobierno percibir el dato más relevante ocurrido en el 1ª semestre del 2007: el impacto que ha tenido el aumento de los precios -en términos de ampliación de la desigualdad- ha anulado, por primera vez, el crecimiento que venía teniendo sobre la pobreza y la indigencia. Así, mientras la economía sigue registrando tasas de crecimiento del 8 % anual, la pobreza y la indigencia, en lugar de bajar, subieron.
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